Fragmentos de la entrevista a Sally Abed, disponible en inglés: https://groundworkpodcast.com/ground-report-sally-abed/ Agosto, 2023

Como palestina en mi patria, que actualmente es también Israel, quiero que se me reconozca como palestina, pero también quiero luchar incansablemente por los derechos de todas las personas
Nota: La población palestina de Israel está formada principalmente por quienes permanecieron en el territorio tras la Nakba de 1948 y por sus descendientes. Hoy en día representa más del 20 % de la población del país. Aunque esta población posee ciudadanía israelí, sufre importantes desigualdades sociales, económicas, políticas y jurídicas. Y, además de israelí, es también parte del pueblo palestino, con una identidad, una historia y derechos colectivos propios. Para Standing Together, Israel-Palestina es la casa de dos pueblos que no van a irse de su hogar y que necesitan poner fin a la ocupación, el apartheid y el genocidio para construir una sociedad basada en la igualdad y el reconocimiento mutuo. Además, la violencia, el racismo y la represión de la libertad de expresión limitan la participación política palestina en Israel. Algunas estimaciones sitúan su participación electoral en torno al 53 %. Revertir esta tendencia es clave para avanzar hacia una sociedad más justa, democrática e igualitaria para todos y todas.
Yoshi Fields (Groundwork): ¿Recuerdas algún momento decisivo para explicar la activista en la que te has convertido?
Sally Abed: Hay uno muy concreto que explica cómo llegué a Standing Together. Ocurrió en 2017, durante una manifestación en el sur de Tel Aviv contra la deportación de solicitantes de asilo. Crecí en Israel sin saber prácticamente nada de lo que sucedía al otro lado de la Línea Verde o en Gaza. Tampoco comprendía qué significaba mi identidad palestina. Escuchaba las historias de mis abuelos sobre la Nakba, pero las entendía como experiencias exclusivamente familiares, no como parte de un proceso histórico más amplio. No recibimos una educación que nos permitiera conocer nuestra historia o nuestro relato político. Mis padres renunciaron a cualquier forma de política o de identidad y se limitaron a seguir las reglas para sobrevivir.
Cuando tenía doce años, invité a casa a una amiga judía de origen ucraniano. Le pedí a mi abuela que le contara cómo había huido durante la Nakba, con trece años, cuidando de sus hermanos. Mi abuela me gritó: «Estas historias no se cuentan a los judíos». Creo que aquella fue la primera vez que comprendí que éramos diferentes colectivamente, como árabes.
La primera vez que empecé a entender qué significaba ser palestina fue en Noruega, donde estudié parte de la secundaria. Conocí allí a Ahmad, de Gaza, y a Samed, del campo de refugiados de Jalazone. Cuando me preguntaron de dónde era, respondí que procedía de Galilea occidental. Entonces Ahmad dijo: «Chicos, hay otra palestina». Todos se acercaron y me abrazaron. Pensé: «Soy palestina. ¿Qué significa esto?». Aquella experiencia inició un largo proceso de comprensión.
Nuestra realidad dentro de Israel es también una extensión de la ocupación
Cuando regresé a Israel, sentí que caía al vacío. En mi primer trabajo en Tel Aviv me llamaron a una reunión disciplinaria por referirme a mi sociedad como palestina. Me dijeron que utilizar esa palabra era demasiado político. Al mismo tiempo, trabajaban conmigo tres colonos que acudían todos los días armados, y eso no se consideraba político. Comprendí que no tenía ningún espacio en el que existir plenamente.
Conocí Standing Together durante la manifestación de 2017. Yo era muy escéptica respecto a la cooperación judeo-árabe, pero vi una protesta llena de carteles morados contra las deportaciones, escritos en hebreo y árabe. Comprendí que el árabe no se dirigía únicamente a los solicitantes de asilo. Se dirigía también a mí y a los palestinos que vivíamos en Tel Aviv y Jaffa. Fue la primera vez que alguien me invitaba a participar en una lucha común como aliada y no únicamente como receptora de solidaridad. Yo no era simplemente la víctima palestina que recibía la solidaridad de los judíos. Era una compañera y parte de una mayoría. Comprendí que debía reclamar mi lugar dentro de la sociedad israelí precisamente como palestina.
Yoshi Fields (Groundwork): En las protestas contra la reforma judicial casi todo el mundo lleva una bandera israelí.
Sally Abed: El problema no es solo la bandera. Existen muchos espacios en los que los activistas judíos pueden ser aceptados sin esfuerzo. Yo, en cambio, tengo que luchar constantemente. A veces quiero ponerme mi kufiya, llevar una bandera palestina, visitar pueblos que sufrieron una limpieza étnica, reclamar el derecho al retorno y hablar del trauma colectivo y de la justicia histórica. Pero siempre tengo que pensar en cómo seré percibida por la sociedad judía.
Yoshi Fields (Groundwork): No puedes limitarte a ser palestina y expresar lo que sientes.
Sally Abed: Exactamente. En primer lugar, porque no es seguro. Podrían golpearme o detenerme, y ya ha sucedido. También porque mi relato completo y mi verdadera intensidad emocional no siempre serán aceptados. Nunca muestro toda la ira que siento. Eso es agotador.
Las localidades palestinas de Israel son como guetos llenos de armas ilegales. Más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de pobreza y uno de cada tres jóvenes de entre dieciocho y veinticuatro años no tiene empleo, estudios ni ningún marco institucional. Nuestra realidad dentro de Israel es también una extensión de la ocupación.

Yoshi Fields (Groundwork): Has hablado de la necesidad de construir una nueva mayoría. ¿Qué significa?
Sally Abed: El objetivo último es construir una nueva corriente política. La división entre palestinos y judíos es una de las fracturas más profundas de la política israelí, pero también existen divisiones entre mizrajíes y asquenazíes, entre ultraortodoxos y seculares, y otras fracturas sociales. Creo que todas estas cuestiones pueden articularse mediante las luchas por la justicia social, la defensa de la democracia y una idea sencilla: todos merecemos paz y seguridad, compartimos una misma patria y tenemos un destino común. Puede parecer ingenuo, pero creo sinceramente que es posible.
Redefinir o abolir el sionismo no significa necesariamente rechazar el derecho del pueblo judío a vivir en esta tierra, sino formularlo de una manera que pueda coexistir con otros pueblos que pertenecen igualmente a ella
Yoshi Fields (Groundwork): Parece que estás luchando por el derecho a ser vista y reconocida como palestina.
Sally Abed: Como palestina en mi patria, que actualmente es también Israel. Quiero que se me reconozca como palestina, pero también quiero luchar incansablemente por los derechos de todas las personas. No lo hago para legitimar mi identidad, sino porque es lo correcto y porque es bueno para mí, para mi familia, para mi sociedad y para mi futuro.
El hecho de que esa lucha contribuya además a legitimar mi identidad es extraordinario. A la gente le resulta más fácil aceptar que soy palestina cuando me ve luchar también por sus derechos, y no únicamente exigir su solidaridad.

Yoshi Fields (Groundwork): ¿Cómo puede el trabajo de distintas organizaciones conducir a la igualdad de derechos, al final de la ocupación y a cambios estructurales?
Sally Abed: Existe una oportunidad. Cada vez más personas están dispuestas a considerar que la ocupación puede estar relacionada con el deterioro de las instituciones democráticas de Israel. Creo que determinadas bases de aquello que se percibe como democracia israelí tendrán que derrumbarse. El movimiento que estamos construyendo y el ecosistema que se forma a su alrededor pueden constituir las raíces de una nueva realidad.
Muchos israelíes judíos y muchos judíos de otros países necesitan redefinir lo que significa para ellos el sionismo. El sionismo dominante no es la única forma de sionismo que ha existido. Redefinirlo o abolirlo no significa necesariamente rechazar el derecho del pueblo judío a vivir en esta tierra, sino formularlo de una manera que pueda coexistir con otros pueblos que pertenecen igualmente a ella.
El final de la ocupación abrirá un espacio que nunca ha existido en el que dos pueblos libres e independientes puedan dialogar sobre cómo desean compartir su patria
Yoshi Fields (Groundwork): ¿Consideras que vuestro trabajo de base está impulsando esa transformación?
Sally Abed: Sí. Se trata de construir un nuevo sujeto político que nos incluya a todos. No es sencillo, pero la idea fundamental sí lo es. Para las miles de personas que se están organizando y construyendo nuevos espacios, resulta completamente clara. Sabemos que es posible.
Yoshi Fields (Groundwork): ¿Cómo imaginas el día posterior al final de la ocupación?
Sally Abed: Después del final de la ocupación podrá comenzar una conversación real entre palestinos e israelíes sobre cómo compartir esta patria de manera igualitaria y pacífica. El final de la ocupación no garantizará automáticamente una paz justa, pero abrirá un espacio que nunca ha existido: un espacio en el que dos pueblos libres e independientes puedan dialogar sobre cómo desean compartir su patria.
