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  • “Nos corresponde enfrentarnos al fascismo y al populismo de derechas dentro de nuestra propia sociedad”

    Traducción y resumen de la intervención de Dani Filc, cofundador de Standing Together y miembro de su dirección nacional, profesor en el Departamento de Política y Gobierno de la Universidad Ben-Gurión, en el seminario virtual: “The political theory behind Standing Together” coordinado por Anna Zielinska, Departamento de Filosofía de la Universidad de Lorraine, Nancy, Francia.

    6 de abril de 2025

    Origen de Standing Together

    Tras las elecciones de 2015, la nueva victoria de Benjamín Netanyahu produjo una gran frustración entre activistas y simpatizantes de izquierda. Algunas encuestas habían alimentado la esperanza de derrotarlo, y el resultado dejó un sentimiento de desánimo, a veces incluso de resignación. En ese contexto empezamos a reunirnos personas procedentes del Partido Comunista, de Hadash, de Meretz y de organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil. Nos preguntábamos qué podíamos hacer de otro modo, porque seguir haciendo lo mismo no estaba dando resultados.

    Pensábamos que hacía falta una organización que cubriera el vacío entre las ONG y los partidos. Las ONG estaban muy profesionalizadas y realmente no son organizaciones de masas. Los partidos, al menos desde los años 2000, se habían vuelto cada vez más personalistas y centrados en las elecciones. Necesitábamos un movimiento de base, sostenido principalmente por activistas, pero capaz de ofrecer distintas formas de participación a personas con diferentes posibilidades de implicarse.

    Frente al proyecto de sociedad promovido por la derecha, no veíamos una alternativa de izquierdas capaz de disputarle la mayoría. Existía una izquierda liberal, pero no conseguía enfrentarse a ese proyecto ni superar los límites de su propia base social, formada sobre todo por sectores profesionales y directivos, mayoritariamente asquenazíes. Nuestra intención era construir un movimiento capaz de articular otro proyecto de sociedad. Desde 2015 hemos trabajado en esa dirección, con éxitos y también con fracasos.

    La igualdad debe expresarse en las condiciones socioeconómicas, en el fin de la ocupación y en una paz justa basada en los derechos individuales y colectivos de ambos pueblos

    Democracia radical, igualdad y hegemonía

    Nuestro proyecto puede definirse como un proyecto de democracia radical, también en nuestra organización interna. Esa democracia parte de una convicción fundamental: la igualdad entre los seres humanos. La igualdad debe expresarse en las condiciones socioeconómicas, en el fin de la ocupación y en una paz justa basada en los derechos individuales y colectivos de ambos pueblos, el palestino y el israelí. También debe hacerse efectiva en las relaciones de género, en los derechos de las personas LGBT y en la superación de las desigualdades étnicas dentro de Israel, por ejemplo, entre mizrajíes y asquenazíes. No se puede defender la igualdad en un ámbito y desentenderse de ella en los demás. Ese es el núcleo de nuestro proyecto.

    Entendemos la política como lucha por la hegemonía. Entendiendo por hegemonía la capacidad de convertir una visión de la sociedad en un proyecto que pueda reunir al mayor número posible de personas. Creemos que muchas personas que hoy apoyan políticas de derechas pueden participar en un proyecto basado en la igualdad, siempre que este tenga en cuenta sus necesidades, sus sentimientos y sus miedos. Tenemos que dirigirnos también a esos miedos.

    Uno de nuestros mayores esfuerzos consiste en construir una izquierda que evite la superioridad moral y la acusación permanente, que ofrezca alternativas y reúna a distintos grupos alrededor de intereses comunes. Partimos de que la mayoría de los judíos israelíes, de los ciudadanos palestinos de Israel y de los palestinos de los territorios ocupados comparten similares aspiraciones fundamentales para sí mismos, sus familias y sus comunidades.

    “Juntos contra el hambre” (en Gaza). “Marcha de la harina”, Tel Aviv, 22 de julio de 2025

    ¿Consenso sin adversarios?

    Construir una mayoría no significa borrar las diferencias ni buscar acuerdos con cualquier proyecto político. Nos oponemos claramente al populismo de derechas, al fascismo clerical representado por Ben-Gvir, al fundamentalismo religioso y nacional de Smotrich y su partido, y al nacionalismo radical y conservador del Foro Kohelet. Son adversarios ideológicos y políticos con los que no pretendemos construir un consenso.

    Queremos cambiar la división política de la sociedad israelí para que esos proyectos queden en minoría. Para ello necesitamos modificar nuestra forma de dirigirnos a la sociedad: además de denunciar, debemos mostrar los intereses que compartimos y explicar por qué esos proyectos no representan los intereses de la mayoría de israelíes y palestinos.

    Religión y mesianismo de derechas

    Es cierto que en Israel existe una relación estrecha entre religión y posiciones mesiánicas de derechas. Pero esa relación no es una característica esencial de la religión. Es el resultado de procesos políticos, especialmente desde la guerra de 1967. Hasta entonces, el Partido Nacional Religioso mantenía posiciones más moderadas que el Partido Laborista respecto al conflicto árabe-israelí y palestino-israelí. Por ejemplo, votó contra la entrada en aquella guerra.

    No hay nada en la religión que obligue a las personas religiosas a ser de derechas. Determinados procesos políticos convirtieron la religión judía en fundamento de posiciones mesiánicas de extrema derecha. Precisamente porque son procesos políticos, pueden transformarse. Trabajamos mucho con otro movimiento, la “izquierda religiosa” o “izquierda creyente”, que muestra la existencia de una alternativa religiosa al fascismo clerical y al nacionalismo mesiánico.

    Nuestra principal responsabilidad como israelíes es luchar contra la ocupación, contra la guerra y contra nuestro gobierno

    Contra el esencialismo: feminismo y construcción política

    Lo aprendimos del feminismo: la biología no es destino; y, desde luego, no es destino político. Así que, una vez más, no se trata de pactar con ideas de derechas. Se trata de intentar romper la presunción de una vinculación automática entre la pertenencia a determinados grupos sociales y determinadas ideologías o proyectos políticos. Rechazamos claramente la afirmación de que Israel está dividido en “tribus irreconciliables”. Esa afirmación equivale, una vez más, a decir que la biología es destino. Estamos convencidos de que esas supuestas tribus son construcciones políticas, no creaciones esenciales, primordiales o biológicas.

    Concentración contra la guerra en la plaza Habima, Tel Aviv, 11 de abril de 2026

    Solidaridad con Palestina

    Debemos evitar el paternalismo, también cuando aparece de manera inconsciente. Nuestra principal responsabilidad como israelíes es luchar contra la ocupación, contra la guerra y contra nuestro gobierno. Nos corresponde enfrentarnos al fascismo y al populismo de derechas dentro de nuestra propia sociedad. Esa es nuestra principal forma de solidaridad. Queremos construir luchas compartidas con organizaciones palestinas, pero nuestra primera tarea sigue siendo combatir la ocupación y la guerra desde Israel.

    Optimismo de la voluntad sin voluntarismo

    Para hablar de esperanza, partiría de la fórmula que Gramsci tomó de Romain Rolland: el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad. Añadiría que el optimismo de la voluntad necesita apoyarse en posibilidades reales para no convertirse en puro voluntarismo.

    Mi principal motivo de esperanza es la distancia entre las posiciones de una parte importante de la población israelí y las de sus dirigentes. Creo que esa diferencia tiene apoyo empírico. Shaul Arieli, un firme defensor de la solución de dos Estados que ha investigado ampliamente esta cuestión nos presentó datos según los cuales, incluso después del 7 de octubre, casi dos tercios de la sociedad israelí se oponían a la anexión de Cisjordania y Gaza y apoyaban una solución de dos Estados o alguna forma de separación. No considero que la separación sea la alternativa, pero esos datos muestran una posibilidad política que debemos tener en cuenta.

    Al mismo tiempo, noventa de los ciento veinte miembros de la Knesset [Parlamento israelí] votaron una declaración contra la creación de un Estado palestino. Existe, por tanto, una brecha entre una parte significativa de la población y un liderazgo que actúa por convicción ideológica o por falta de coraje cívico. El apoyo a un Estado palestino y al fin de la ocupación podría crecer si hubiera dirigentes dispuestos a defender esas posiciones.

    Ese es mi fundamento para el optimismo. Pero el pesimismo de la razón obliga a reconocer los peligros inmediatos. Los próximos dieciocho meses, hasta las elecciones, pueden ser muy duros. Si este proyecto, que combina populismo de derechas y fascismo, percibe que está perdiendo la mayoría, puede profundizar su autoritarismo. No soy optimista respecto al próximo año o año y medio. Pero la historia no termina en ese plazo.

  • Una política de cambio: de la condena a los círculos de alianzas

    Texto original: “La clave de una política de cambio” (hebreo): https://www.rosamedia.org/episodes/articles/133)

    Dov Khenin  ·  7 de diciembre de 2025

    Hace diez años, Standing Together era solo una idea. Era el sueño de un pequeño grupo de personas que veía cómo nuestra sociedad se desmoronaba, cómo estaba atrapada en un ciclo de guerras y cómo cobraban fuerza en ella tendencias violentas de racismo, segregación, discriminación y neoliberalismo extremo. La decisión de construir el movimiento surgió de la constatación de que no solo era difícil la situación que nos rodeaba, sino que además carecíamos de herramientas para cambiarla de verdad.

    Hoy, después de una década, ya no somos solamente un pequeño grupo con un sueño. Somos un movimiento grande y con peso propio. Incluso en estos dos últimos años terribles hemos conseguido influir en la realidad: mediante las guardias de solidaridad judeoárabes que organizamos inmediatamente después del 7 de octubre y que contribuyeron a evitar un estallido de violencia entre judíos y árabes dentro de Israel; mediante nuestro apoyo a las familias de los rehenes que comprendieron que la única vía para recuperar a sus seres queridos era un acuerdo para poner fin a la guerra, una posición que terminó convirtiéndose en la de una amplia mayoría de la sociedad israelí; y mediante la campaña de recogida de alimentos para Gaza, que ofreció a la sociedad árabe, sometida al silenciamiento y la represión, la oportunidad de expresar una posición humana y política en un espacio seguro y, por eso mismo, movilizó a multitudes.

    Incluso en las condiciones más difíciles y complejas hemos conseguido ampliar nuestros círculos e incorporar nuevos aliados a la lucha.

    la acción política no puede limitarse a condenar la realidad. Debe aspirar a transformarla

    El secreto del éxito reside en la decisión que tomamos desde el principio: no conformarnos con una política de condena, sino practicar una política de cambio. En ocasiones es importante condenar la realidad existente, pero la acción política no puede limitarse a condenarla. Debe aspirar a transformarla. Y esa aspiración exige un análisis lúcido de la realidad, poner de manifiesto las contradicciones y posibilidades que encierra y no ignorar las limitaciones y los desafíos existentes.

    La política de condena tiene otra vertiente todavía más problemática: la política de condenar a la población. La política fascista, racista y antidemocrática debe ser condenada y combatida. Pero eso es distinto de condenar y responsabilizar a la población en su conjunto. Aspirar a un cambio democrático exige construir una mayoría y, para construirla, hay que convencer a la gente, no culparla. Una política de cambio se pregunta constantemente: ¿a quién podemos convencer? ¿A quién podemos sumar? ¿Cómo ampliamos los círculos que nos rodean?

    Somos un movimiento fuerte, con un amplio grupo de dirigentes y miles de activistas comprometidos. Pero no lo conseguiremos solos. Tenemos que desarrollar nuevos círculos a nuestro alrededor. En el primer círculo, el más cercano a nosotros, trabajaremos para forjar alianzas con todas las fuerzas, comunidades, grupos de protesta y organizaciones que puedan contribuir a construir un «nuevo nosotros» de una izquierda popular judeoárabe que defienda la consecución de la paz, la igualdad y la justicia social y ambiental.

    A este primer círculo lo llamamos la corriente morada. Es la alternativa que hoy falta en nuestra vida y en nuestra sociedad: desde el modo en que funcionan las comunidades de vecinos o las asociaciones de barrio hasta la configuración de los consejos locales y los ayuntamientos, los medios de comunicación y la cultura, o el trabajo sindical organizado. La razón por la que construir una corriente sociopolítica nos resulta tan necesario es sencilla: las personas no pueden elegir opciones que ni siquiera se les ofrecen. Y nuestro objetivo es conseguir, junto con otros aliados, que allí donde vayan las personas encuentren la opción de la cooperación y la igualdad, de la justicia social y ambiental y de la búsqueda de la paz.

    En el segundo círculo aspiraremos a constituir un «campamento de tiendas», una alianza con otras fuerzas que actúan contra la extrema derecha y los procesos de fascistización, y con otras fuerzas que trabajan, cada una a su manera, por la paz, la democracia y la justicia. Participar en ese «campamento de tiendas» no significa ignorar las diferencias y los desacuerdos, sino ser capaces de actuar conjuntamente frente a los peligros y amenazas que tenemos delante.

    En un tercer círculo, todavía más amplio, estableceremos colaboraciones puntuales también con fuerzas, comunidades, movimientos de protesta, grupos y organizaciones que se encuentren fuera de ese «campamento de tiendas», pero con los que coincidamos en cuestiones concretas o en determinadas reivindicaciones específicas. Lo haremos sin necesidad de disimular los desacuerdos allí donde existan, pero sin desaprovechar la oportunidad de crear coaliciones y alianzas amplias.

    trabajaremos para forjar alianzas con quienes puedan contribuir a construir un «nuevo nosotros» que defienda la consecución de la paz, la igualdad y la justicia social y ambiental

    Participar en círculos amplios de acción no significa borrar nuestra identidad ni nuestra singularidad. Pero una alianza auténtica debe basarse en comprender que nuestros aliados son diferentes de nosotros. Las fuerzas de cambio presentes en la sociedad son, en general, diversas y distintas entre sí. Esa diversidad no debe considerarse un problema ni un obstáculo que haya que superar, y tampoco debemos aspirar a eliminarla para crear uniformidad. El pluralismo entre las fuerzas de cambio es un recurso que podemos aprovechar para conectar con una variedad de grupos sociales.

    A pesar de la difícil realidad y de los peligros que tenemos delante, no renunciamos a nuestro sueño de transformar nuestra tierra querida y desdichada en un lugar mejor, en un lugar para todos. Juntos, también lo haremos realidad.

    Este artículo está basado en un discurso pronunciado en la asamblea del décimo aniversario del movimiento Standing Together, celebrada en Haifa en diciembre de 2025

    Dov Khenin es miembro de la dirección de Standing Together, exdiputado de la Knéset y profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Tel Aviv.

    Edición: Tom Alfiya.

  • Esto es de lo que tenemos que hablar

    Cuando el debate [en Israel] en torno al nuevo documental NAZA se centra en el número exacto de palestinos cuya muerte fue autorizada como «daño colateral», en si la película constituye una provocación o en si sus creadores, Rachel Szor y Yuval Abraham, merecían una ovación en pie, se vuelve casi imposible recordar cuál era, ante todo, el objeto de la película: la destrucción sistemática de la vida civil en Gaza por parte de Israel.

    La cuestión no es discutir la postura del ministro de Cultura, Miki Zohar, al pedir que se revoque la ciudadanía de Rachel y Yuval; la cuestión es que el ejército israelí ha provocado una inmensa destrucción de vidas inocentes en toda la Franja de Gaza durante más de dos años, una destrucción que continúa. La cuestión no es si la película debería descartarse porque sus creadores son israelíes; la cuestión es que familias palestinas enteras han sido borradas con un clic, mientras ciudades eran arrasadas, se bloqueaba la ayuda alimentaria y el sistema sanitario quedaba devastado. La cuestión es que nuestro gobierno ha librado una guerra de aniquilación y la gente corriente ha pagado, y sigue pagando, el precio más alto.

    más de 73.000 personas han muerto en un genocidio

    Destrucción por bombardeos israelíes en la ciudad de Gaza, 23 de febrero de 2025. Foto: Jaber Jehad Badwan / CC BY-SA 4.0.

    Tanto si quieres ver la película como si no, el hecho es que más de 73.000 personas han muerto en un genocidio en Gaza que continuó porque nuestro gobierno quiso mantenerse en el poder a cualquier precio. Esto es de lo que tenemos que hablar.

    (Comunicado de Standing Together a la sociedad israelí)